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En Marte no hay marcianos
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Marte, el dios de la guerra para los romanos, es el planeta que más ha despertado la imaginación de todo el mundo, desde cineastas, escritores de ciencia-ficción, dibujantes de cómics... Y no es de extrañar, porque la historia de las observaciones de ese pequeño planeta rojo siempre ha proporcionado no pocas sorpresas.
Ya los antiguos griegos se las tuvieron para poder explicar su movimiento retrógrado. La retrogradación es un efecto de perspectiva que se observa en todos los planetas, pero que es especialmente llamativo en Marte. Consiste en que llega un momento en que empieza a disminuir su velocidad de avance a través de las estrellas de fondo hasta detenerse por completo; después empieza a retroceder durante algunas semanas para detenerse nuevamente y retomar a continuación su dirección y sentido original. Puesto que los planetas tenían un movimiento independiente del de las estrellas (además de la retrogradación) los griegos los llamaron precisamente “planetes”, cuyo término significa vagabundo ó errante. Para los griegos los planetas eran las “estrellas errantes”.
En la imagen que sigue Marte aparece por la derecha y avanza a través de la constelación de Leo hasta llegar a Virgo; después se detiene para iniciar el regreso a Leo; nuevamente se detiene y vuelve a seguir su camino inicial hacia Virgo... Y así hasta que dentro de dos años terrestres se vuelva a producir una nueva retrogradación de nuestro enigmático planeta vecino.
Retrogradación de Marte
No es de extrañar que los antiguos se devanaran los sesos para explicar su extraño movimiento
En aquel entonces -cuando se creía que la Tierra era el centro del universo- para poder explicar la retrogradación Ptolomeo recurrió a los epiciclos, una concepción que, si bien explicaba el fenómeno, no era para nada ni mucho menos realista. Tuvo que ser el clérigo polaco Nicolás Copérnico quien, en torno al 1500, pusiera al Sol en el centro y los planetas orbitando a su alrededor.
Y para que quede clara tan sencilla razón de la retrogradación de Marte, una imagen vale más que mil palabras. El video muestra lo que intuyó Copérnico cuando puso al Sol -y no la Tierra- como centro del universo.
Retrogradación de Marte: en azul la Tierra, en rojo Marte
Y más tarde Tycho Brahe se encargó de tomar muy buenos y escrupulosos apuntes del movimiento de retrogradación de Marte para que, en los alrededores del 1600 y valiéndose de aquellas anotaciones, fuera Johannes Kepler quien viniera a descubrirnos la verdadera naturaleza de las órbitas planetarias y la retrogradación quedara perfectamente explicada. Pero estas cuestiones no son del tema que nos ocupa...
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El caso es que Marte es un planeta que en el firmamento no sólo se caracteriza por su brillo sino también por su intenso color rojo. Además, cada 2 años, la Tierra y Marte se encuentran en su mayor aproximación en sus respectivas
órbitas (en astronomía se le llama a esto oposición) por lo que su tamaño aparente resulta ser mayor y son de las mejores ocasiones para poderlo observar al telescopio. El que aquí escribe pudo ver y fotografiar Marte y sus casquetes polares (ver imagen lateral) con un pequeño telescopio de aficionado en una de las mejores oposiciones que tuvo lugar en 2003, en que Marte estaba a poco más de 55 millones de kilómetros.
Pues bien, en 1877 tuvo lugar una de esas magníficas oposiciones y el italiano Giovanni Schiaparelli supo aprovechar muy bien la ocasión para observar profusamente el planeta. Creyó ver una extensa red de canales distribuidas por toda la superficie a los que llamó precisamente “canali”, para referirse a formaciones naturales observables en su superficie y que, posiblemente, se explicaran debido a la presencia de agua. La polémica estaba servida pues del agua a la vida hay sólo un paso... y medio.
Pero la Historia es juguetona y caprichosa lo indecible.
Precisamente en 1869 se había inaugurado el Canal de Suez y se hablaba también de la construcción de otro en el istmo de Panamá. Canales artificiales por supuesto, pero que le valieron al acaudalado americano Percival Lowell para convertir los “canali” naturales de Schiaparelli en obras de ingeniería a manos de una inteligencia marciana. La caja de Pandora se había abierto definitivamente para dar paso a todo tipo de hipótesis y especulaciones sobre la posibilidad real de vida inteligente en Marte. Y la imaginación se desbordó también.

A la derecha, el mapa de Marte con los canales de Lowell.
Sorprende que Lowell no distinguiera los cuatro gigantescos volcanes
que se observan en la imagen real, pero sí los invisibles canales
Desde 1894 y hasta su muerte en 1916, Percival Lowell –que se consideraba a sí mismo la persona ideal para desvelar los misterios de Marte- describió con todo detalle una civilización marciana que luchaba desesperadamente por llevar el agua de los casquetes polares a las sedientas tierras ecuatoriales, y dibujó un detallado mapa de Marte con toda aquella red de canales artificiales.
Una película de ciencia ficción de la época, en la que las concepciones de Lowell
se toman al pie de la letra. Observense los "canales" marcianos al final de la secuencia.
Y la Historia sigue haciendo de las suyas...
Llevado por los acontecimientos, H.G. Wells (Herbert George Wells), prolífero escritor de ciencia ficción entre otras cosas, publicó en 1898 su novela “La guerra de los mundos” que narra una invasión marciana a la Tierra. Aquella novela era sólo eso: ciencia ficción, pero sus efectos se extendieron pronto como agua derramada sobre cristal, dando lugar a un buen número de adaptaciones cinematográficas, novelísticas y gráficas.
Una de estas adaptaciones es la de Orson Welles en 1938, que creó un serial radiofónico que fue retransmitido como noticia de última hora y en directo, en que se narraba vívidamente los acontecimientos que se venían sucediendo desde que en Grover’s Mill, New Jersey, aterrizara una nave alienígena. Muchos oyentes creyeron estar viviendo una verdadera invasión extraterrestre, lo que causó una gran conmoción en los EEUU, cómo no. Welles tuvo que pedir públicamente disculpas por ello.

Los cromos 1 y 13 de la época y una de las muchas portadas de la novela
"Una princesa en Marte" (1912) de Edgar Rice Burroughs
En el terreno ya de lo científico, entre 1962 y 1973 la NASA construyó 10 naves espaciales llamadas Mariner, cuyo objetivo era, entre otros, alcanzar Marte. Fue la Mariner 4 la que obtuvo las primeras fotos del planeta en 1965 y lo que revelaron aquellas primeras fotos es que no había canales en Marte. Pero misiones posteriores, mejor preparadas y con objetivos científicos más específicos, aportaron evidencias muy distintas...
Hoy estamos casi seguros de que hace unos 3000 o 3500 millones de años Marte tuvo un océano y el agua fluyó por su superficie excavando y erosionando las rocas formando canales, cauces por los que circuló agua en algún momento de su historia. Pero esos canales no son los que creyeron ver Schiaparelli y Lowell pues no son observables desde la Tierra, ni siquiera con el más potente de los telescopios actuales.
Y del agua a la vida hay sólo un paso... pero hasta la fecha no se ha encontrado todavía evidencia alguna de que en Marte la hubiera habido en ningún momento. Y no hablamos de dinosaurios, sino de una simple muestra fosilizada de algún tipo de microorganismo pequeñín. Allí tenemos ahora dos rovers (vehículos robóticos de exploración) que ruedan por su superficie; y el último, el Curiosity, está ya agujereando las rocas y analizando las extracciones en busca del más mínimo indicio.

Los rovers Pahtfinder, Opportunity y el último, el Curiosity, con sus dimensiones
Si hay o hubo vida la encontraremos, y, si no, tendremos que desplazarnos personalmente hasta allí para asegurarnos de que los rovers han hecho bien su trabajo.
Pero de momento, en Marte, marcianos, ni uno.